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02 de octubre de 2010

Por la libertad y la independencia

Hoy 1224 / El 9 de julio, ayer y hoy

El 9 de julio de 1816, en el Congreso reunido en la ciudad de San Miguel del Tucumán, “los representantes de las Provincias Unidas en Sud América”, declararon “a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los vínculos violentos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando 7°, sus sucesores y metrópoli”. Y el 19 de julio, en sesión secreta, debatieron y resolvieron agregar a la fórmula del juramento, que se hizo el 21 de julio: “y de toda otra dominación extranjera”.
La revolución iniciada el 25 de mayo de 1810, que llevó a esa Declaración de la Independencia, pasaba en 1816 uno de sus momentos más difíciles, ya que el rey de España, Fernando 7°, había sido restaurado en el trono, con el apoyo de la Santa Alianza de los imperios de ese momento (Inglaterra, Austria, Prusia y Rusia). Derrotados los ejércitos napoleónicos, no quedaba una sola luz en Europa, al decir de ese gran músico que fue Beethoven. Y aquí, en América, los ejércitos realistas españoles superiores en formación militar habían derrotado a los patriotas en Chile, en Venezuela y en Colombia, mantenían el Perú y avanzaban hacia el Noroeste argentino por el Alto Perú (hoy Bolivia), demorados solo por las heroicas guerrillas como las dirigidas por Güemes en Salta y Jujuy; y Arias, Arenales, Warnes, Muñecas, Padilla, Juana Azurduy, los caciques Titicocha, Cáceres y Cumbay, y tantos otros en el Alto Perú.
Es en estas circunstancias, cuando parecía imposible que la revolución pudiera sostenerse en las Provincias Unidas del Río de la Plata, que desde Cuyo San Martín escribía a los congresales en Tucumán: “Pensemos en grande, y si la perdemos, que sea con honor.” No era un voluntarista, porque veía que la revolución podía triunfar apelando a las reservas patrióticas del pueblo y armando sus ejércitos en particular con esas masas explotadas y oprimidas, principalmente indígenas y mestizos, que venían protagonizando heroicos combates, aplastadas y derrotadas muchas veces, pero cuyas luchas abrieron el camino de la primer revolución latinoamericana. La continentalidad de la revolución de ninguna manera excluye, sino que por el contrario, se asienta en el desarrollo y fortaleza de las revoluciones nacionales: el avance y el triunfo de la revolución continental dependía y depende del avance y del triunfo de la revolución en cada uno de nuestros países.
También en esas difíciles circunstancias había quienes pensaban que era imposible independizarse de España, sin recurrir al “protectorado” de alguna otra potencia europea. El agregado al juramento de ser independientes de España “y de toda otra dominación extranjera”, salió así al cruce de las intrigas de las distintas potencias que operaban aquí a través de sus “amigos” en la aristocracia terrateniente y comercial criolla, disputándose entre ellas el dominio de Latinoamérica en reemplazo de España. La firmeza de los verdaderos patriotas cerró paso a esas maniobras, permitiendo que se utilizara también esa disputa a favor de la lucha por la independencia.Así se pudo triunfar
La guerra de guerrillas de los pueblos de Salta, Jujuy y del Alto Perú, la independencia de Paraguay liderada por Gaspar Francia, y el curso de la revolución en la Banda Oriental, encabezada por Artigas, permitieron mantener la independencia declarada en Tucumán y cubrieron la espalda de San Martín. Este, apoyándose principalmente en los pueblos de Cuyo, pudo así conducir la epopeya histórica de construir el Ejército de los Andes, cruzar la Cordillera, derrotar a los realistas en los campos de Chacabuco y Maipú, y posteriormente, con el apoyo chileno, y ya con la oposición de la oligarquía bonaerense, pudo llegar por mar a Lima y contribuir a la independencia del Perú.
Así, tras la prolongada y heroica guerra que duró hasta 1824, se logró la independencia de España. Pero los intereses de la aristocracia terrateniente y comercial criolla impidieron que la voluntad independentista y libertaria de nuestros pueblos se efectivizara. Sus gobiernos, embarcados en guerras civiles y con los países hermanos para mantener sus latifundios y privilegios, endeudaron al país en empréstitos leoninos y lo sometieron a la dependencia de los imperialistas que se disputan el dominio del mundo.
Pero una y otra vez, en las luchas de la clase obrera y el pueblo, resurge la Argentina profunda. La Argentina de las masas campesinas criollas y aborígenes aplastadas por la oligarquía en la Quebrada de Humahuaca y Puna, en el sur y el oeste pampeanos y patagónicos y en el norte chaqueño. La Argentina de las masas pequeñoburguesas urbanas y agrarias alzadas contra el régimen oligárquico con la Revolución de 1890 en Buenos Aires y las posteriores insurrecciones radicales en casi todas las provincias. La Argentina de las surgentes masas proletarias también reprimidas por la Argentina oligárquica, desde la primera huelga general en 1902 (cuando se impuso la Ley de Residencia) a las históricas conmemoraciones del 1° de Mayo y la Semana Roja de 1909 (donde se agregó la Ley de Defensa Social).
Esta Argentina profunda en lucha contra la explotación y la opresión y enfrentando la represión empujó hacia delante la rueda de nuestra historia, con nuevos hitos tras los festejos oligárquicos del primer Centenario, como el Grito de Alcorta en 1912, la Reforma Universitaria de 1918, la Semana de enero de 1919, la Patagonia Rebelde y las huelgas de La Forestal de 1920/21, la huelga general de enero de 1936, el 17 de octubre de 1945, la resistencia a la dictadura de Aramburu-Rojas, las manifestaciones contra la universidad “libre” de Frondizi, el Cordobazo y demás puebladas contra las dictaduras de Onganía y Lanuse, las luchas contra la última dictadura militar y por la recuperación de las Malvinas.
Esta Argentina profunda que las clases dominantes, tras el fracaso de sus dictaduras militares, volvieron a tratar de adormecer con una democracia regenteada por oligarcas e imperialistas, es la que volvió a emerger con las puebladas en el interior tras la traición de Menem en 1989 hasta el Argentinazo de 2001 y las luchas que siguieron, de la cual es parte la actual rebelión chacarera y federal contra el gobierno entreguista y expoliador de los Kirchner. Esta Argentina rebelde, que se identifica y es parte de Latinoamérica y del conjunto de naciones y pueblos oprimidos por el imperialismo, a casi 200 años de la Revolución de Mayo de 1810, se une al proletariado y las naciones y pueblos oprimidos de todo el mundo, dando batalla contra la dominación imperialista y los intereses locales que la favorecen, en el camino de la revolución que abra paso a su segunda y definitiva independencia.