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02 de octubre de 2010


Proposición del Comité Nacional del PCR sobre la posición del Partido ante los problemas del movimiento comunista

Documentos del PCR Tomo 1

El Comité Nacional ha realizado una nueva discusión sobre los problemas internacionales y considera que luego del artículo “Qué pasa en el comunismo” y de la Declaración sobre Checoeslovaquia no hemos continuado profundizando el análisis y la posición política de nuestro Partido respecto a la situación y perspectivas del movimiento comunista internacional debido a los fuertes lastres oportunistas que aún arrastrábamos. Por el contrario, en el proyecto de Tesis, la parte internacional, que fue reexaminada antes de su publicación como consecuencia de la intervención a Checoeslovaquia, si bien introdujimos ajustes, no la ubicamos, en esencia, dentro de la línea que marcaba la posición planteada en los documentos mencionados. Como consecuencia de ello, aunque en la parte internacional del proyecto de Tesis hay un enmarque general correcto, su esencia expresa la permanencia de un eje de centroizquierda.
Nuestro Partido, como parte importante de su lucha por convertirse en la vanguardia marxista-leninista del proletariado argentino, necesita contribuir a trazar una estrategia mundial y continental para la revolución socialista y el comunismo. Ello implica ubicarnos clara y categóricamente en otro eje: el de la lucha contra el revisionismo y el oportunismo de derecha que constituyen el enemigo principal a batir en el seno del movimiento comunista de nuestro tiempo para poder reconstruir un movimiento comunista internacional auténticamente revolucionario. El Comité Nacional incorpora como base de discusión de estos problemas el artículo “Qué pasa en el comunismo” (Revista Teoría y Política, N°1)
Hablamos de movimiento comunista de nuestro tiempo porque actualmente la expresión movimiento comunista internacional se presta a confusiones. Generalmente debido al peso preponderante de las tendencias oportunistas se identifica como movimiento comunista internacional, al conjunto de los partidos que se aprestan a participar en la próxima conferencia de junio en Moscú. Pero no puede hablarse de movimiento comunista internacional con la ausencia de partidos fundamentales (como China, Cuba, Corea, Vietnam, Japón) y con la representación de los comunistas de diversos países asumida por dirigentes reformistas como el CC de Codovilla, el de Dango (India), el de Prestes (Brasil) y otros, mientras se excluye a los partidos comunistas revolucionarios que existen en esos países.
Esta situación refleja una realidad de fondo: en el mundo de hoy no existe un solo comunismo sino dos. Uno que ha llevado a diversos partidos al campo del reformismo; otro, que lucha desde diversos partidos y sectores por recuperar al comunismo para lo que definió su esencia en ruptura con la II Internacional y lo convirtió en vanguardia del proletariado mundial: la línea marxista-leninista, revolucionaria y de clase.
La degeneración reformista que sufre una parte del movimiento comunista afecta agudamente la construcción del socialismo, sumando deformaciones y errores al de por sí complejo proceso objetivo de construcción de una nueva sociedad que debe romper con hábitos generados en milenios de explotación del hombre por el hombre y que, por añadidura, ha triunfado hasta ahora en países retrasados sin un proletariado numeroso.
La imagen del socialismo se ha deteriorado ante la clase obrera y las masas populares. Ello exige de nuestro Partido difundir sistemáticamente las conquistas y avances de los países socialistas, combatiendo con firmeza los ataques del imperialismo y sus campañas anticomunistas, pero sin idealización oportunista, sino hablando claro a nuestra clase y deslindando tajantemente los hechos que reflejan la esencia del socialismo (propiedad social sobre los medios de producción, condiciones de vida y de trabajo, desarrollo cultural, técnico y científico, etc.) de los fenómenos negativos contrarios a esa esencia (burocratismo, nacionalismo, escepticismo en parte de las masas, etc.). Estamos por lo tanto, ante un proceso de definiciones en el comunismo mundial que deslinda los campos. O una política defensiva, de mantenimiento de statu-quo, que en definitiva ha abandonado la concepción revolucionaria del marxismo-leninismo para caer en la línea del tránsito gradual pacífico, evolutivo al socialismo, en cada país y en el plano mundial, que también implica, dentro de la lucha general por avanzar hacia el comunismo, la profundización del proceso de construcción socialista en los países donde el proletariado ya está en el poder, batiendo a los elementos y tendencias no proletarias que lo frenan y ponen en peligro y el restablecimiento de su papel esencial de bases para la revolución mundial.
La primera política es la que practican actualmente, con matices diferentes pero que no alteran la esencia, la dirección del PCUS y las direcciones de los partidos comunistas de los países socialistas de Europa, de los países de Europa Occidental y de la gran mayoría de los partidos comunistas de América Latina.
Esta política tiene su origen en las desviaciones que se fueron desarrollando en el PCUS durante la época de Stalin (ver análisis en Revista Teoría y Política N°1) y que abarcaron gran parte del movimiento comunista internacional. Un rasgo esencial de estas desviaciones es la sustitución del internacionalismo proletario por el nacionalismo de gran potencia (en el caso del PCUS) o por la estrechez nacionalista (en el caso de otros partidos). Por su parte, la dirección del PC chino enfrentó las posiciones oportunistas predominantes en la dirección del PCUS y luchó sin concesiones contra el revisionismo de la Liga de los Comunistas de Yugoeslavia. Pero ha venido desarrollando una línea que pretendiendo corregir las desviaciones oportunistas y las deformaciones burocráticas, también se caracteriza por un fuerte nacionalismo (establecimiento de relaciones con otros países socialistas y partidos comunistas sobre la base de la subordinación a su política y si no ruptura y hostigamiento) y adolece de dogmatismo (por ejemplo, el librito de Mao como recetario teórico), y de subjetivismo (por ejemplo, negar la existencia de relaciones socialistas de producción en la URSS).
No podemos hacer una caracterización más ajustada de la línea actual del PC chino ni un análisis de sus raíces pues carecemos de un estudio profundo sobre la situación china. Pero sí podemos ubicar que los rasgos negativos que se fueron desarrollando en la política del PC chino la fueron frustrando como posible eje para la estructuración de una estrategia proletaria de ofensiva. Y actualmente esta política se ha convertido en una desviación que hay que batir para la reconstrucción de un movimiento comunista internacional auténticamente revolucionario.
Nosotros consideramos que la estrategia necesaria para derrotar al oportunismo de derecha y al revisionismo difieren de la que siguieron Lenin y los bolcheviques en los años de la quiebra de la II Internacional, pues las condiciones han variado sustancialmente aunque la esencia de la desviación principal que está en la base de la crisis por la que atraviesa el movimiento comunista sea la misma que en aquel entonces. La elaboración de una política proletaria de ofensiva no puede hacerse sin partir de que el campo socialista constituye la base principal para la revolución mundial. La reconstrucción de un movimiento comunista internacional auténticamente revolucionario no puede operarse sin el proletariado de los países socialistas. Entendemos que esta reconstrucción debe desembocar en el restablecimiento de una acción coordinada a escala mundial, cuyas formas concretas deberán corresponder a las nuevas condiciones creadas con la extensión de los partidos comunistas y obreros a todos los países, la diversidad de situaciones en que se desenvuelven, etc.
La línea proletaria de ofensiva se va esbozando con el aporte y la convergencia de diversos destacamentos comunistas. Marchan en primera fila de este proceso, por su peso y por su práctica, Cuba, Vietnam y Corea. Confluyen partidos tan importantes como el Partido Comunista de Japón y el Partido Comunista de la India (m). Fortalecen esta corriente el PC dominicano, el PCBR, nuestro PCR, y sectores que desde dentro de los partidos comunistas o habiendo roto con las direcciones oportunistas (en América Latina y Europa) se ubican en la tarea de reconstruir la vanguardia marxista-leninista del proletariado. También es índice de este proceso, aunque no es capitalizado hacia el comunismo por la falta de vanguardia, el vasto movimiento de la nueva izquierda que en Europa Occidental, EE.UU., y países del llamado “tercer mundo”, expresa la profundidad de la crisis general del capitalismo y la actualidad de la revolución proletaria, llenando parcialmente el vacío dejado por la degeneración reformista de una parte del movimiento comunista.
El camino para el perfilamiento de una línea proletaria de ofensiva en procura del triunfo mundial del comunismo no es fácil ni sin contradicciones y retrocesos. Necesita procesarse en una situación muy compleja, con la pesada herencia de décadas de chatura y estancamiento en el desarrollo de la teoría marxista-leninista, con fenómenos nuevos que exigen respuestas con el desarrollo de la nueva izquierda, que junto a lo principal que es su aporte al ensanchamiento del torrente revolucionario y antiimperialista y al combate contra el reformismo, trae elementos de signo pequeñoburgués que la independencia y la hegemonía del proletariado exigen enfrentar.
Las diferencias políticas que existen entre el revisionismo yugoeslavo y posiciones afines de varias direcciones de partidos comunistas de Europa Occidental con el oportunismo de derecha predominante en la dirección del PCUS y de otros partidos de países socialistas europeos se han agudizado con motivo de la intervención a Checoeslovaquia. Se observa un recrudecimiento del centralismo burocrático y de la rigidez doctrinaria que tienden a dar la imagen de una “política dura” opuesta al revisionismo. Este fenómeno alienta la idea equivocada en algunos sectores en lucha por una línea proletaria de ofensiva de que la tendencia a retornar a la dureza de los tiempos de Stalin puede ser una forma efectiva de lucha contra el oportunismo de derecha, que hay que apoyar. Sin embargo, la esencia de la política del statu-quo, ni siquiera alcanza a encubrirse verbalmente, pues se manifiestan las abiertas iniciativas soviéticas y de otros países socialistas por concluir nuevos acuerdos con el imperialismo yanqui.
De todo lo anterior se desprende que nuestro Partido debe:
1. Sostener y contribuir a perfilar una política proletaria de ofensiva elaborando en el proceso hacia nuestro Congreso una posición que contribuya a la definición de una estrategia mundial de la revolución proletaria y tomando posiciones con claridad y con independencia.
2. Practicar una política activa en el movimiento comunista cuyo eje sea la coordinación con los sectores y partidos comunistas revolucionarios, lo que no significa no tener contacto con todos los partidos comunistas.
3. Combatir el antisovietismo y el antichinismo, pues ambos están igualmente alejados de una auténtica posición de clase.
4. Difundir los éxitos y las realizaciones de todos los países socialistas.

En el plano interno del Partido, el Comité Nacional debe garantizar la amplia información a todos los organismos y miembros y promover el estudio y la discusión de los problemas teóricos y políticos planteados en el movimiento comunista.