A 50 años del golpe, y a 43 de la retirada de la dictadura, el gobierno de Milei, como parte de su plan de hambre, ajuste, entrega y represión, avanza con medidas que destruyen las políticas públicas en derechos humanos conquistadas en estos años.
Esta política de desmantelamiento es acompañada por el negacionismo abierto del terrorismo de Estado, y por el aval oficialista a una ofensiva de sectores prodictatoriales que pretenden liberar a los genocidas presos e instalar lo que ellos llaman “memoria completa”, que no es otra cosa que una nueva vuelta de lo que se conoció en la Argentina como “teoría de los dos demonios”.
Tanto Milei como su vicepresidenta Villarruel reivindican la “lucha contra el terrorismo” y el señalamiento a la pelea por memoria, verdad y justicia como el “curro de los derechos humanos”, con algunos centros del debate, como negar la cantidad de detenidos desaparecidos durante la dictadura.
El gobierno combina un ajuste feroz con lo que llama “batalla cultural”, intentando imponer una serie de mentiras sobre nuestro pasado, para justificar sus políticas fascistas.
Milei y sus mandantes imperialistas y de las clases dominantes pretenden ocultar que hace 50 años, “en la madrugada del 24 de marzo de 1976 el grupo de militares que comandaba las fuerzas armadas derrocaba el gobierno constitucional de Isabel Perón e instauraba la más feroz dictadura que se tenga memoria en el siglo 20 en la Argentina.
“Decenas de miles de personas, en su mayoría obreros, estudiantes, intelectuales, campesinos, detenidos por sus ideas políticas y sociales, fueron arrojados a inmundos “chupaderos”, torturadas en forma brutal ¡30.000 personas fueron ‘desaparecidas’, incluidas decenas de niños! Miles fueron arrojadas durante años en las cárceles y sometidas a todo tipo de torturas y vejámenes. Fueron pisoteadas todas las libertades democráticas. Se proscribieron partidos como el nuestro y se dispuso la veda de la actividad política. Se intervinieron sindicatos y se prohibieron las huelgas y las convenciones colectivas de trabajo. Se reprimieron, hasta liquidarlas, a las Ligas Agrarias y otras organizaciones del campesinado pobre. Se intervinieron las universidades, se prohibieron los centros estudiantiles y se reprimió policialmente la actividad gremial en las universidades y colegios secundarios. Se hicieron ‘listas negras’ de artistas e intelectuales y se implantó la censura.
“La amplitud y profundidad del terror fascista sirven para medir la amplitud y profundidad del movimiento revolucionario que se desarrolló en la Argentina desde 1969 a 1976. El fascismo del violovidelismo es el precio que pagó la clase obrera y el pueblo por su falta de unidad y, principalmente, por no tener un poderoso partido político revolucionario en condiciones de haberle permitido impedir el golpe de Estado de 1976. El PCR era débil. Estaba el carácter engañoso del socialimperialismo y su máscara socialista encubría al que por ese entonces era el imperialismo más agresivo; hubo sectores de la izquierda que trabajaron para el golpe de Estado. Pero este es sólo un aspecto del problema. El otro es que las clases dominantes ya no podían seguir gobernando con los viejos métodos. Debieron recurrir al terror fascista abierto para poder contener a las masas”. (Programa del Partido Comunista Revolucionario de la Argentina, 10º Congreso, julio de 2004).
50 años después, llenaremos las calles en todo el país en repudio a esta nefasta fecha y a la política reaccionaria del gobierno de Milei. Porque no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos. A los mártires del PCR de la lucha antigolpista y antidictatorial nunca los vamos a olvidar. Seguimos reclamando la restitución de los niños apropiados, la apertura de todos los archivos de la dictadura, y cárcel común, perpetua y efectiva para todos los genocidas. ¡30.000 compañeros detenidos desaparecidos, presentes! ¡Ahora y siempre!
hoy N° 2101 18/03/2026
