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12 de abril de 2023

13° Congreso del Partido Comunista Revolucionario de la Argentina

Tipo de país y carácter de la revolución

Reproducimos extractos del Programa del PCR, aprobado en su 13° Congreso, realizado en octubre del 2022.

La Argentina es un país dependiente, oprimido por el imperialismo, en el que predominan relaciones capitalistas de producción. Es disputado por varias potencias imperialistas, y tiene una parte de su territorio insular y su espacio marítimo ocupado por el imperialismo inglés. El avance del capitalismo en el campo se operó y se opera sobre la base del latifundio y de la dependencia. La opresión imperialista y latifundista constituyen los principales pilares que sostienen la estructura de atraso y dependencia que hoy padecemos. Las relaciones capitalistas de producción han sido históricamente deformadas y trabadas por la dominación imperialista y el mantenimiento del latifundio de origen precapitalista en el campo, por lo que sobreviven resabios semifeudales en zonas del interior del país.

Pese al desarrollo capitalista y las “modernizaciones” operadas en beneficio de los monopolios imperialistas, de los grandes terratenientes, los pooles y la burguesía intemediaria, la dependencia y el latifundio siguen siendo los principales obstáculos para un desarrollo independiente e integral del país. Esto requiere la destrucción revolucionaria de esos dos grandes factores de opresión.

Por eso son erróneas las concepciones revisionistas que definen a la formación económico-social del país como “capitalista dependiente”, concepciones que convierten a la dominación imperialista, a la dependencia, que es el factor determinante, en sólo un rasgo del desarrollo capitalista y niegan la traba que impone la gran propiedad de la tierra.

Sin liquidar la dependencia del imperialismo y el latifundio, tampoco se podrá lograr una verdadera democratización de la sociedad argentina. Pues: allí está la base del Estado oligárquico-imperialista y está la raíz de todos los golpes de Estado y represiones sangrientas al pueblo que hemos padecido, y que seguiremos padeciendo mientras esa raíz subsista.

 

La contradicción fundamental

La contradicción fundamental que hay que resolver en la actual etapa histórica, y que determina el carácter de la revolución argentina, es la que opone: por un lado, el imperialismo, los terratenientes, la burguesía intermediaria y los reaccionarios que se subordinan a ellos; y, por otro lado, la clase obrera y demás asalariados, los semiproletarios, los campesinos pobres y medios, los pueblos originarios, la pequeña burguesía, la mayoría de los estudiantes y de los intelectuales, los sectores patrióticos y democráticos del campesinado rico y de la burguesía nacional urbana y rural, los soldados, la suboficialidad y oficialidad patriótica y democrática.

De las numerosas contradicciones existentes, solo ésta es la fundamental, la que desempeña el papel determinante y define el carácter de la revolución argentina: una revolución democrático-popular, agraria y antiimperialista en marcha ininterrumpida al socialismo. En relación con ella, y con los enemigos estratégicos que definimos, es preciso tomar en cuenta la aguda disputa interimperialista por el control del país que determina contradicciones particularmente agudas dentro del campo enemigo. Teniendo en cuenta esto es posible precisar en cada momento táctico hacia dónde se dirige el golpe principal.

A partir de definir el tipo de país, su formación económico- social, la contradicción fundamental a resolver y el carácter de la revolución es necesario precisar quiénes son sus enemigos y quiénes sus amigos, las fuerzas intermedias, sus fuerzas motrices y su fuerza dirigente, sus etapas y tareas, su camino y su perspectiva.

 

Los enemigos de la Revolución Argentina

Son enemigos estratégicos de la revolución argentina los imperialismos, los terratenientes, la burguesía intermediaria del imperialismo y los reaccionarios que se subordinan a estos enemigos.

El imperialismo condiciona y subordina a sus intereses todo el desarrollo de la economía nacional. Esto se da también en los planos político, militar y cultural. La opresión imperialista se da principalmente a través del entrelazamiento y la subordinación a sus intereses, de los terratenientes y la burguesía intermediaria (es decir, las clases dominantes nativas), y mediante sus propios grupos económicos y financieros (directos o por medio de testaferros) y sus personeros en el aparato estatal. Monopolios imperialistas yanquis, rusos, ingleses, alemanes, franceses, italianos, españoles, chinos, japoneses etc., directamente o a través de testaferros, son dueños de ramas enteras de la producción nacional, de los servicios públicos esenciales, de millones de hectáreas de tierra y de gran parte de las finanzas. Es decir, que el imperialismo actúa como factor interno.

Por otro lado, también opera como factor externo, pues los imperialistas nos oprimen a través del monopolio del comercio mundial, la deuda externa, las finanzas, el control de las nuevas tecnologías y los pactos militares. A su vez, una parte del territorio nacional (insular y marítimo) está directamente ocupado por el imperialismo inglés. Asimismo, penetran culturalmente a nuestro país y lo infiltran con sus agentes de espionaje y provocación.

Los terratenientes basan su poder en la propiedad latifundista de la tierra. Imponen la carga de la renta a los obreros rurales, campesinos arrendatarios y contratistas pobres, medios y ricos. El monopolio de la tierra en manos de una minoría terrateniente tiene su origen en la colonia y es anterior al desarrollo del capitalismo en el país. La situación de las naciones y pueblos originarios es uno de los testimonios más desgarradores del carácter sanguinario y antidemocrático de los terratenientes y de la ilegitimidad de sus títulos sobre las mejores tierras de este país.

La gran propiedad terrateniente no solo se mantiene en la actualidad, sino que se ha incrementado… Al tiempo que se mantienen los terratenientes tradicionales, grandes monopolios extranjeros y nacionales han avanzado en la apropiación de enormes extensiones de tierra, y la penetración del capital financiero a través de los pools (fondos de inversión, fideicomisos, etc.) ha ampliado la explotación capitalista sobre la base de la propiedad latifundista del suelo. En el marco general de relaciones de producción capitalistas predominantes, y que han tenido un gran desarrollo en los últimos años, subsisten en muchas zonas relaciones precapitalistas tales como: relaciones de dominación en estancias y fincas, puesteros, pastajeros, aparceros, medieros y tanteros, contratistas de viña, arrendamientos familiares, etc.

Con viejos y nuevos terratenientes, muchos de ellos monopolios extranjeros o nativos vinculados a ellos, y a través de los pools, se ha extendido el latifundio arrasando con centenares de miles de pequeños y medianos productores, expulsándolos del campo o convirtiéndolos en sus contratistas, con el consiguiente aumento de su opresión y de la explotación de los obreros rurales. Así se han ido imponiendo formas de producción extensivas, en desmedro de las intensivas, como la llamada sojización que viene convirtiendo gran parte del campo en un “desierto verde”, aumentando la carga de la renta parasitaria y condicionando y deformando todo el desarrollo del país.

A su vez, en esa ampliación de la propiedad latifundista del suelo se basa el poder de la oligarquía, de viejos y nuevos terratenientes, muchos de ellos también burgueses intermediarios o directamente monopolios extranjeros. Este poder subordina el país a los imperialistas, pues necesita de ellos para su subsistencia y desarrollo.

 

La burguesía intermediaria

Siendo la Argentina un país dependiente, que padece la dominación imperialista, la burguesía argentina está escindida en dos sectores: la burguesía intermediaria y la burguesía nacional.

La burguesía intermediaria es el sector de la burguesía que se subordina a distintos imperialismos y monopolios, asociándose con ellos, apoyando su penetración y dominio y poniéndose a su servicio. Su propio desarrollo depende del imperialismo y los monopolios a los que se asocia y se subordina, por lo que también resulta un instrumento de la opresión imperialista y de la dependencia.

La condición de burguesía intermediaria (en la industria, el agro, el comercio o las finanzas) no está determinada por el tamaño de sus empresas ni el volumen de su capital sino por su actitud política de subordinación al imperialismo y los monopolios. Esto es lo que la diferencia de la burguesía nacional.

Es un error golpear al imperialismo y olvidarse de los terratenientes y la burguesía intermediaria. Sin la ayuda de éstos el imperialismo no podría oprimirnos, porque son instrumentos de su penetración y dominación. Otro error es otorgar a los terratenientes como clase, una independencia que no tienen respecto del imperialismo. Como clase, los terratenientes argentinos han sido y son una base esencial en la que se apoya la dominación imperialista en nuestro país.

A su vez en un país dependiente como el nuestro, disputado por varios imperialismos, es necesario investigar para ver las diferencias entre los distintos sectores de burguesía intermediaria y de terratenientes, pues siempre expresan contradicciones reales por estar unidos a diferentes imperialismos. Estas contradicciones son particularmente agudas y pueden y deben ser aprovechadas para la lucha revolucionaria. Esto exige en cada momento concreto determinar cuáles son esas contradicciones, como se entrelazan y disputan los sectores predominantes y hacia dónde dirigir el golpe principal de la lucha popular, a fin de aprovechar las contradicciones en el campo enemigo.

 

Hoy N° 1957 12/04/2023